Desde muchos estamentos sociales, empresariales y políticos se habla de la importancia de la innovación en las empresas. Sin embargo, hasta hace bien poco, la “hermana pequeña de la innovación”, la creatividad, parecía ser algo propio de diseñadores gráficos y publicistas.

La realidad es que todo proceso de innovación lleva asociado un importante esfuerzo creativo y es extrapolable a cualquier sector económico. A pesar de ello, la generación de ideas debe contar con un canal orientado a la concreción de soluciones que cubran las necesidades del mercado.

Como dice Gary Hamel: "La innovación sigue una ley exponencial: por cada 1000 ideas descabelladas solo 100 merecerán que se experimente con ellas. De estas 100, no más de 10 serán dignas de inversión significativa y solo 2 ó 3 producirán finalmente beneficios".

A pesar de que hablar de ideas descabelladas no sugiere nada bueno, es precisamente en el pensamiento divergente y en el punto de locura donde se tienden a crean las 2 o 3 ideas rentables.