Si es la primera vez que lees este término no te preocupes, no es que en Vidahora nos lo acabemos de inventar. Si, por el contrario, ya eres conocedor de esta práctica, entenderás el porqué de que os hablemos de ella: ¡es toda una revolución!

También conocida como “atención o conciencia plena” o “presencia mental”, en un primer acercamiento podríamos definirla como la toma de conciencia de las sensaciones y experiencias en el momento en el que ocurren sin intentar controlarlas ni juzgarlas. En otras palabras, cuando practicamos mindfulness estamos prestando atención de manera intencionada al aquí y al ahora, con interés por lo que nuestro cuerpo y nuestra mente experimentan pero sin pretender modificar esas sensaciones. ¿Cómo? Su base metodológica es la meditación combinada con diferentes tipos de relajación y ejercicios centrados en sensaciones corporales como la respiración.

¿Por qué está causando tanto revuelo? Hoy en día, lo habitual en esta sociedad es que vivamos con el “piloto automático” puesto, sin pararnos a vivir realmente la experiencia de cada momento. ¿Entendemos el porqué o el cómo de nuestras acciones? En muchos casos, lo que se suceden son reacciones basadas en antiguas experiencias o (pre) juicios personales. Esta vivencia constante dentro de marcos predefinidos y estereotipados imposibilita la creación de nuevos sentidos, motivaciones... nos priva de experimentar nuevas emociones.

Con esta práctica la persona debe identificar y aceptar lo que siente (física y mentalmente, repetimos) tal y como es. Tenemos que entender que sensaciones “malas” como el dolor, el enfado o la rabia son humanas, es normal sentirlas en algún momento de nuestra vida. Esta aceptación permite que determinadas actividades corporales y mentales (emociones, cambios fisiológicos, etc.) se regulen de forma natural. Si intentamos controlar lo que pasa en nuestro interior o, directamente, no nos preocupamos por ello, interrumpimos el flujo natural de dicha información. Un ejemplo claro es el del fumador que quiere dejarlo y, en plena crisis de ansiedad, se obsesiona por intentar controlar esa sensación; ¿acaso lo consigue?

Beneficios: la primera aportación del mindfulness es, posiblemente, la más obvia: desciende el nivel de estrés. Gracias a esto mejoramos nuestro sistema inmunitario; ¡porque resulta que las hormonas del estrés lo apagan! Meditar también puede reducir hasta en un 40% la intensidad del dolor y en más de un 50% las molestias derivadas. La morfina y otros fármacos contra el dolor tienen un porcentaje del 25%.

¿Sabías que? En los trasplantes de corazón los médicos utilizan hormonas del estrés para que el sistema inmunitario no funcione y evitar así el rechazo.

A nivel mental, se han encontrado vínculos entre el mindfulness y la estabilidad emocional así como con la mejora del sueño, la concentración, la memoria y la creatividad. Y es que meditar ¡es bueno hasta para mejorar nuestro oído musical! Al parecer, nos ayuda a disfrutar más de la música.

En el ámbito laboral, el mismísimo Google ofrece un programa de inteligencia emocional basado en mindfulness llamado Search Inside Yourself (SIY), por su importancia de cara al éxito y los beneficios. Figuras tan salientables como Steve Jobs o grandes de la NBA como Kobe Bryant, LeBron James and Michael Jordan han destacado las virtudes de la meditación como motor de éxito y realización personal.

Para acabar, nos gustaría dejaros esta reflexión que planteaban en la revista TIME: “encontrar la paz en una cultura estresada y digitalmente dependiente puede que simplemente dependa de pensar de un modo diferente”.