Una de las maneras de justificar la existencia de Vidahora y su empeño por promocionar la salud en la empresa es apoyarse en las cifras. Así, en una de nuestras primeras entradas sobre bienestar corporativo, hablamos de la rentabilidad de este tipo de programas basándonos en diferentes estudios que analizaban el ROI (retorno de la inversión) de este tipo de iniciativas.

A pesar de lo clarificador de este tipo de estudios, una de las excusas más utilizadas en el contexto actual, donde se cuestiona cada euro invertido, es que los programas de bienestar laboral no dan sus frutos a corto plazo. Cierto; se necesita un análisis a medio-largo plazo para recibir ese ROI. Sin embargo, en ese mismo plazo van a sufrirse importantes pérdidas si no se toma conciencia de la importancia del bienestar de los miembros de una empresa. Planteado así, la atención sí se vuelve sobre este asunto.

En esta ocasión, vamos a enfocar la temática desde otro punto de vista; en lugar de mostrar los beneficios económicos, haremos lo propio con las posibles pérdidas ocasionadas sino se acometen este tipo de campañas de un modo satisfactorio. Concretamente, nos centraremos en dos problemas de máxima actualidad y vigencia: la obesidad y el estrés.

A finales del pasado año, el Tribunal Europeo de Justicia reconocía que la obesidad “puede constituir una discapacidad”. Esto equivale a un desembolso económico importante, ya que dado el caso la empresa tendría que adaptar sus espacios de trabajo y sus procesos a aquellos trabajadores que así lo necesitasen.

¿Sabías que? La consultora internacional McKinsey estima que el impacto económico de la obesidad a nivel mundial ronda los 2 billones de dólares, siendo el coste para las empresas europeas de unos 160 000 millones según un informe del Bank of America-Merrill Lynch.

El segundo factor de riesgo que queremos destacar en este post es el estrés, cuya tendencia al alza viene confirmada por la OMS. Desde esta organización se alerta de que la ansiedad y la depresión serán la principal causa de baja laboral en 2020. A día de hoy, estos diagnósticos cuestan a la empresa, por trabajador, 1200 € anuales.

Por si esta cuantía no fuese suficientemente importante, hay que tener en cuenta que un empleado estresado reduce en más del 60 % sus niveles de rendimiento y atención (cifras de la red de centros especializados en el tratamiento del estrés y la ansiedad Nascia).

Con toda esta información sobre la mesa, ¿es realmente rentable no invertir en bienestar corporativo? ¿Hasta qué punto se necesitan campañas de alto coste?

Partamos de la base de que, según publicaba el diario Neurology recientemente, el ejercicio físico es beneficioso para factores tan diversos como el sistema inmune o la prevención del cáncer y la depresión. ¿Qué podría hacer una empresa para fomentar la actividad física sin que esto suponga un gran gasto? No hace falta que construya un gimnasio, quizás sea suficiente con una campaña de concienciación (¡y motivación!) entre la plantilla y un acuerdo con un gimnasio próximo.

En lo que respecta a la prevención de los problemas de sobrepeso u obesidad, son totalmente válidos los consejos de McKinsey: si se dispone de una cantina en la empresa, controlar las porciones servidas o, en las máquinas de vending, ofrecer solo productos saludables. Dando un paso más allá, lo ideal sería ofrecer también un servicio de asesoramiento nutricionista con consejos y, por qué no, recetas saludables.

De acuerdo con los cálculos de la OCDE, un correcto plan contra la obesidad tendría un coste aproximado de entre 20 y 30 dólares anuales por persona. No parece un gasto desproporcionado comparado con las pérdidas a las que una empresa sedentaria y mal alimentada se enfrenta, ¿no?

Para más información al respecto, podéis encontrarnos en info@vidahora.com, ¡siempre al lado de las empresas saludables!